quinta-feira, 4 de novembro de 2010

trabajo - Español UFPA

Como surgio el español
Introducción

La historiografía tradicional considera como textos más antiguos que se conocen en castellano a las Glosas Emilianenses, datadas de finales del siglo X o con más probabilidad a principios del siglo XI, que se conservan en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja), localidad considerada centro medieval de cultura. Sin embargo, las dudas que suelen surgir acerca del romance específico empleado en las Glosas hace que las corrientes lingüísticas actuales consideran que no están escritas en castellano medieval, sino en un protorromance riojano, o navarroaragonés o castellano-riojano según el filólogo César Hernández. Es decir, un «embrión o ingrediente básico del complejo dialectal que conformará el castellano», en palabras del investigador riojano Claudio García Turza. Junto a características específicamente riojanas, se encuentran rasgos presentes en las diversas variedades dialectales hispanas: navarro, aragonés, asturleonés y mozárabe.

Todo ello induce a pensar en que realidad, se trata de un koiné lingüístico en el que se mezclan rasgos pertenecientes al castellano, riojano, aragonés, con algunos del navarro,[] lo cual no resulta extraño si se tiene en cuenta que la zona de San Millán era una encrucijada de lenguas y culturas hispánicas, los repobladores cristianos procedían de lugares diversos y esto producía un constante reajuste lingüístico.
Las Glosas emilianenses también incluyen los textos más antiguos escritos en euskera que se conservan hoy día (si no contamos los restos epigráficos de época romana escritos en vascuence).
Tanto en las anotaciones emilianenses (Glosas monacales de San Millán de la Cogolla conocidas como Glosas emilianenses ) como en las silenses (Glosas de Silos en Burgos) la huella del español se reduce a palabras sueltas o breves frases.

1. Primeros textos en Castellano
A principios del siglo XI se escriben los más antiguos textos conocidos en castellano, aunque aún no se pueden considerar literarios porque son simplemente unas explicaciones anotadas en textos latinos que servían para facilitar su comprensión. Se las conoce con los nombres de Glosas Silenses, Glosas Emilianenses y Glosas Euskera , por los lugares dónde se descubrieron, monasterios de Santo Domingo de Silos y San Millán de la Cogolla respectivamente.
Las glosas fueron pequeñas cancioncillas que corrían de boca en boca y que se transmitían de manera oral.Los primeros que recogieron estas canciones fueron los autores de poemas de la España musulmana. Dentro de unos poemas cultos en árabe llamados moaxahas sus autores incluyeron unos pequeños estribillos en mozárabe, que se conocen como jarchas. El tema de las jarchas era casi siempre amoroso, y, a pesar de ser textos en lengua romance (recordemos que el mozárabe es una lengua del tronco latino), estaban escritos con caracteres árabes, por lo tanto pasaron desapercibidos durante mucho tiempo. Debemos señalar que en el periodo del Califato de Córdoba, Al Andalus era uno de los más importantes centros culturales de Occidente, dónde permanecía gran parte de la cultura que los árabes habían conservado.
En Córdoba se mezclaron las culturas cristiana y musulmana oriental. Anualmente se hacían concursos públicos de poesía. Los ganadores eran agasajados con todo tipo de premios, pero, lo más importante era el interés que los poetas despertaban en los gobernantes de la ciudad califal. Eran contratados para escribir textos oficiales o cartas amorosas, y así, protegidos por los poderosos, podían vivir libres de penurias y dedicarse a la composición de nuevas obras. En Córdoba se mezclaron las tres religiones, musulmana, cristiana y judía, en las épocas de esplendor. Esto creó una cultura de singular riqueza.
La segunda vía de transmisión fue a través de los cancioneros que se comienzan a escribir en el barroco. Los autores de estos cancioneros comienzan a fijarse en las tradiciones populares líricas y las transcriben para ser cantadas en los salones de los palacios. El más importante de todos es el Cancionero de Palacio que se escribió entre finales del siglo XV y principios del XVI en la corte de los Reyes Católicos. En él se mezclan poemillas populares con otros creados por los autores cultos, entre los que empezaba a ponerse de moda la poesía cortesana de influencia provenzal.
Castellano o español es el nombre dado a una lengua romance originarios de España . La lengua castellana se llama así porque es originario de Castilla. También se le llama "castellano", el nombre de la comunidad lingüística (Castilla), que dio a luz en la época medieval. Formación del castellano o español, se pueden distinguir tres períodos: el medieval o el castellano antiguo (desde el siglo X), español moderno (entre los siglos XVI y XVII) y contemporáneas, que es la base de la Real Academia Española hasta hoy.

2. Glosa (¿o qué es?)
Una glosa (del Griego Koiné γλώσσα glossa, que significa 'lengua' -- el órgano -- como también 'lenguaje') es una nota escrita en los márgenes o entre las líneas de un libro, en la cual se explica el significado del texto en su idioma original, a veces en otro idioma. Por lo tanto, las glosas pueden variar en su complejidad y elaboración, desde simple notas al margen de algunas palabras que un lector puede encontrar oscuras o difíciles, hasta traducciones completas del texto original y referencias a párrafos similares.
Un conjunto de glosas es un glosario (si bien glosario también significa una colección de términos especializados y sus significados). Una colección de glosas legales medievales, preparada por los llamados glosadores, con comentarios de textos legales, es denominada un apparatus. La compilación de glosas en glosarios fue el comienzo de la lexicografía, y los glosarios así producidos fueron los primeros diccionarios
Glosa: fue, primitivamente, una palabra oscura o difícil de un texto, que requería explicación. Después pasó a designar la explicación misma. También se denomina así el comentario de un texto, cualquiera que sea su extensión.

2.1. Las características materiales del las glosas
Se trata de un códice de 97 folios, en pergamino de escasa calidad, que una mano moderna numeró Con numeración arábiga del 1 al 96, omitiendo el folio situado entre el 25 y el 26. Las hojas Son de forma rectangular, desgastadas en los bordes, con una media de tamaño de 188,5 por 137 mm, dispuestas en bifolios, agrupados por lo general en cuaterniones.
La tinta predominante es la de color marrón oscuro, y son los colores verde, rojo y marrón los preferidos para la iluminación.
El trazado de las letras de las glosas es ligero de peso, de astiles finos, hecho con pluma fina; su tamaño es menor que el de las letras del texto, como consecuencia del espacio en que han de plasmarse.

2.2. Glosas Emilianenses
Las Glosas Emilianenses son pequeñas anotaciones manuscritas, realizadas en varias lenguas (latín, romance ,vasco y euskera medieval), entre líneas o en los márgenes de algunos pasajes del códice latino Aemilianensis 60 a finales del siglo X o con más probabilidad a principios del siglo XI. La intención del monje copista era probablemente la de aclarar el significado de algunos pasajes del texto latino. La importancia filológica de estas glosas, que no fue advertida hasta el siglo XX, se debe a que contenían el que durante un largo periodo se consideró como primer testimonio escrito del que se tenía noticia de un dialecto romance hispánico, es decir, la lengua que ya hablaba por entonces el pueblo llano. Las Glosas Emilianenses, en total más de mil de las cuales unas cien están en romance, contienen además dos de ellas escritas en lengua vasca que constituyen también uno de los primeros testimonios escritos conocidos, no epigráficos, en dicha lengua.
Su nombre se debe a que fueron compuestas en el Monasterio de San Millán de la Cogolla (Millán o Emiliano procede del latín Aemilianus), perteneciente a la región de La Rioja y por aquel entonces parte del Reino de Navarra. Su valor se descubrió en 1911, cuando Manuel Gómez Moreno, que estudiaba la arquitectura mozárabe del Monasterio de Suso, transcribió todas las glosas, alrededor de mil, y se las envió a Ramón Menéndez Pidal. Este hecho le mereció el sobrenombre de «cuna del castellano» para San Millán de la Cogolla (y para La Rioja por extensión). Si bien se conocen documentos anteriores con algunas referencias romances, como los Cartularios de Valpuesta,[] o la Nodicia de Kesos.
El rastreo es siempre por palabras sueltas o muy cortas frases. Sólo una vez, entre las glosas del monasterio de San Millán de la Cogolla, atribuidas al siglo X, hay un trozo que se puede decir que casi tiene ya estructura literaria. El monje estaba anotando un sermón de San Agustín. En las palabras finales le ha apretado la devoción dentro del pecho. La última frase latina (dos líneas y media) la ha traducido íntegra. Sin duda le ha parecido seca: la ha amplificado (hasta doce líneas cortas), añadiendo lo que le salía del alma. He aquí este venerable trozo, que es, por hoy, el primer texto, no podemos decir que de la lengua castellana, pues hay algún matiz diaIectal, pero sí el primero de lengua española:

En castellano de hoy En latín vulgar

Cono ayutorio de nuestro dueño dueño Christo, dueño Salbatore, qual dueño yet ena honore e qual dueño tienet era mandacione cono Patre, cono Spiritu Sancto, enos siéculos de los siéculos. Fácanos Deus omnipotes tal serbicio fere que denante ela sua face gaudiosos seyamus. Amen.
En un sermón de San Agustín (folio 70 r) un monje intercala al texto latino palabras arcáicas españolas tales como ... De repente aprienta la devoción dentro del pecho y, entusiasmado con la última frase latina, la amplifica hasta doce lineas cortas añadiendo a la traducción lo que le sale del alma. El primer vagido de nuestra lengua española que habla en frase seguida es una plegaria temblorosa y humilde".
S
"Karissimi quotiens cumque ad eclesiam uel adsollemnitatem martirum conuenti fueritis.... adjubantedomino nostro Jhesu Christo cui est honor et jmperiumcum Patre et Spiritu Santo jn secula seculorum : Conoaujtorio de nuestro dueno. dueno Xristo. dueno salbatorequal dueno get. ena honore. e qual dueno tienet .elamandatjone. cono patre cono spiritu sancto enos sieculos.de lo siecu los. facanos deus omnipotes tal serbitjio fere.ke denante ela sua face gaudioso segamus. Amen"
ermón de San Agustín (folio 70 r)
La frase más larga de todo el códice se encuentra en la página 72. Se trata de doce renglones en los que se lee lo siguiente:
Cono aiutorio de nuestrodueno dueno Christo, duenosalbatore, qual duenoget ena honore et qualduenno tienet elamandatione conopatre cono spiritu sanctoenos sieculos delo sieculos. Facanos Deus Omnipotestal serbitio fere kedenante ela sua facegaudioso segamus. Amen.
Con la ayuda de nuestroSeñor Don Cristo DonSalvador, Señorque está en el honor ySeñor que tiene elmandato con elPadre con el Espíritu Santoen los siglos de los siglos.Háganos Dios omnipotentehacer tal servicio quedelante de su fazgozosos seamos. Amén.
Dámaso Alonso denominó a esta oración «el primer vagido de la lengua española».
La imagen lateral muestra la página 72 del Códice Emilianense 60 (que se encuentra hoy día en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia). En ella puede apreciarse el texto de una homilía en latín a la que el monje copista hizo sus propias anotaciones (glosas) en castellano entre líneas y al margen del texto. (Escucharlo en pronunciación restituida)

2.3. Glosas Silenses
Las Glosas Silenses son comentarios en lengua romance peninsular realizados por copistas medievales en los márgenes de un texto en latín. Datan de finales del siglo XI y, al igual que las Glosas Emilianenses, su finalidad es aclarar los pasajes oscuros del texto latino. Se encontraron en el archivo del monasterio de Santo Domingo de Silos, de donde procede su nombre, en la región española de Castilla y León. Sin embargo, estas glosas pueden ser sólo copias cuya versión original fuera muy anterior, probablemente poco posterior al manuscrito latino que contiene las glosas de San Millán, que puede ser también el lugar original de su procedencia. En la actualidad se conservan en la Biblioteca Británica.

2.4. Glosas Euskera
En euskera aparecen dos apuntes: las glosa 31 y 42; a saber:
jzioqui duguguec ajutuezdugu
hemos encendido,nosotros no nos arrojamos
De la segunda frase existe también glosa en romance: nos non kaigamus («nosotros no nos arrojamos»).
Las dos breves glosas en lengua vasca son el testimonio escrito no epigráfico más antiguo del euskera del que se tiene noticia.
La aparición de restos en euskera y la abundante toponimia de la región en dicha lengua es considerada como una muestra de que estas glosas debieron ser escritas en zona de contacto lingüístico vasco-románico[.
]
2.5. Tabla comparativa
Veamos, pues, una comparación de voces usadas en las glosas con las correspondientes actuales en lenguas aragonesa y castellana, junto con la forma latina:
En las glosas
Aragonés
Castellano
Latín
de los (delo)
de los, d’os
de los
<>) siglo
< href="http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Alvar">Manuel Alvar, «estas palabras transcritas por el amanuense de San Millán sólo podrían ser consideradas lengua castellana o española en cuanto que revelan la existencia de unos rasgos lingüísticos que son comunes al dialecto que, con el transcurso de varios siglos, se convertirá en la lengua nacional».
También sería conveniente tener en cuenta estudios más recientes, como el del lingüista suizo Heinz Jürgen Wolf de 1997, que clasificaría el romance de las glosas, no dentro del grupo Ibero-romance al que pertenece el castellano, sino dentro del grupo de lenguas o dialectos romances Pirenaico-Mozárabes, al que pertenece el aragonés.

3. La técnica del copista
El trabajo de copiar manuscritos de la Edad Media se llevó a cabo dentro de los monasterios, en una habitación llamada el Scriptorium. Los monjes a cargo de esta copia de trabajo de los textos fueron divididos en grupos. Algunos se encargaron de escribir los códices (Pendola) y otros, para iluminarlos (thumbnails).
El copista, habitualmente monje, era el encargado de reproducir los libros, copiándolos. Un copista experimentado era capaz de escribir del orden de dos a tres folios por día. Una obra completa era trabajo de varios meses, así que podemos hacernos una idea del arduo trabajo que significaba copiar un ejemplar. Ello hace referencia únicamente al trabajo de escritura pues posteriormente entraban en juego los iluminadores, que eran los encargados de dibujar miniaturas e ilustraciones del libro, en cada uno de los espacios dejados en blanco por el copista.
El monje copista no se limitó a utilizar los glosarios latinos que solían tener los monasterios para resolver sus dudas léxicas, sino que documenta en los márgenes el habla popular de las tierras alto riojanas. He aquí un ejemplo de cómo trabajaba el copista:
«Et ecce repente (luenco) unus de principibus ejus ueniens adorabit eum. Cui dixit diabolus ¿unde uenis? Et respondit: fui jn alia prouincia et suscitabi (lebantai) bellum (pugna) et effusiones (bertiziones) sanguinum...»
Como puede apreciarse, el copista fue aclarando las palabras latinas que le parecían menos conocidas, ayudándose probablemente de un diccionario: repente lo paso a luenco («luego»); suscitabi lo aclaró con lebantai («levanté») bellum con el actual cultismo pugna, effusiones con «bertiziones», etc.
Los rasgos navarroaragoneses se aprecian en palabras como: luenco (luego), get («es», actual aragonés ye), plicare, feito, muito, etc.
Las más interesantes reproducen frases completas latinas a su correspondiente estructura en romance:
La tecnología actual nos permite enlazar, algo que no podían hacer los copistas, por ello considero mucho más interesante que alguien, una vez ha leído un artículo que considera debe conocerse, haga un breve comentario en su bitácora y enlace al original, sin reproducir en el propio blog el contenido del artículo en cuestión.

4. Español: más de un milenio
Hace ya más de un milenio que se sabe de la existencia de un códice, proveniente del viejo monasterio de San Millán de la Cogolla en La Rioja, con una serie de anotaciones y apuntes denominadas «glosas», las cuales -sobre un texto latino de mayor importancia- están escritas mayoritariamente en un incipiente romance, que gran parte de los investigadores ha solido considerar como las primeras señales del idioma castellano, mientras que otro grupo más minoritario pero no peor armado técnicamente, pretende que corresponden al romance navarro-aragonés, el cual también estuvo presente en La Rioja antigua.
La base de la lengua latina es muy popular, se extendió en España desde finales del siglo III a.C a imponer a las lenguas ibéricas. Entre el III y VI, el idioma que se desarrolló en España germanismos asimilado por el latín hablado por los bárbaros que invadieron romanización de la península. Con la dominación musulmana de ocho siglos, la influencia de la lengua árabe - el idioma de los conquistadores bereberes - fue decisiva en la configuración de las lenguas ibéricas, entre las que se incluyen el castellano / español y portugués.
Sabemos que un siglo antes la lengua hablada había ya producido nada menos que el Poema del Cid. Desde época muy anterior, los documentos en latín dejan filtrar a veces la realidad de lo que se hablaba: algunas palabras del romance diario se escapan de la pluma que quiere escribir latín. Ni faltan tampoco quienes anoten sobre los documentos latinos la traducción al vulgar de algunas palabras que ya resultaban difíciles de entender. A tales anotaciones llamamos glosas. Estudiando esas glosas y esas faltas, ha podido rastrear la lengua que vivía en España entre los siglos X y XI.
Tales anotaciones las realizaban los monjes para ayudarse a entender el texto latino, puesto que cuando fueron escritas (hacia los siglos X ó XI d.C.) se había perdido ya la lengua culta desde hacía mucho, y la mayor parte de la población hablaba lenguas románicas antepasadas de los idiomas modernos como el castellano, el gallego, el catalán, etc...
Nos tenemos que referir a los testimonios escritos, sin poder determinar cuántos años o generaciones se necesitaron para que de la oralidad se trasladara al papel la primera oración que se pueda catalogar como propiamente española. Y sin posibilidad de conocer los ritmos de producción de la cultura de hace mil años, sí podemos afirmar que éste era lento, por lo que entre la escritura y la expresión popular pudieron transcurrir generaciones. Además, sólo retrospectivamente lo podemos percibir, porque no me imagino a ningún villano diciendo: hoy pronuncié mi primera frase en español.
Pequeño pueblo apacible, monasterio alejado del trasegar turístico, pero mina invaluable para los arqueólogos del idioma. En 1923 se estudiaron los primeros códices, con los cuales se afirma que el idioma tuvo su primera expresión escrita conocida. Las primeras palabras enhebradas en sentido, que puedo leer en mi lengua española, sean una oración temblorosa y humilde. El César bien dijo que el español era lengua para hablar con Dios. El primer vagido del español es extraordinario, entre los de sus hermanas. No se dirige a la tierra: con Dios habla, y no con los hombres.
Conclusión
No contexto hispánico as glosas emilianenses son coñecidas por constituíren as primeiras manifestacións escritas tanto do vasco como de una lengua romance peninsular. As anotacións en romance recollen trazos lingüísticos do castelán e do navarro-aragonés. Son pequenas notas aclaratorias do latín feitas no propio latín, en romance ou en vasco para aclarar o que posiblemente xa resultaba escuro ou difícil de entender a comezos do primeiro milenio na Alta Rioxa. As glosas emilianenses reciben ese nome por faceren referencia ó mosteiro de San Millán de la Cogolla. As glosas silenses, así denominadas por apareceren no Mosteiro de Silos conteñen palabras e frases en romance, e son de finais do século XI. Consérvanse no British Museum.
La lengua de las Glosas, fueron la manifestación notable del romance riojano primitivo y, más exactamente, del habla altor riojana, embrión o ingrediente básico del complejo dialectal que conformará el castellano, revela la confluencia de formas que representan diversos estados de evolución. Sin embargo, frente a esa impresión de anarquía formal (que viene reforzada, a nuestro juicio, por la potente reacción culta latinizante ejercida por el sistema escrito) hay una transparente tendencia a uniformarse en torno a una norma; una norma elaborada y profundamente enraizada en tierras riojanas y que en muchos aspectos coincidía con la que por los mismos años estaba modelando y caracterizando a los dialectos navarro y aragonés.

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